¿Invertir en la salud o pagar por la enfermedad?

Francini Placencia

¡Bienvenido y bienvenida, visitante de Oportia, a la columna: La salud, tu mejor inversión. Hemos concebido este espacio como un canal para brindar informaciones sobre salud, bienestar y calidad de vida basadas en evidencia científica y en las mejores prácticas.

Cómo apunta su nombre, el propósito de la columna es contribuir a que las personas cuiden su salud al tiempo que protegen sus bolsillos de erogaciones innecesarias. Invertir en lugar de gastar; prevenir en vez de curar, serán las premisas de las entregas que periódicamente haremos.

La salud es el bien más preciado de los seres humanos. Un bien que debe ser acumulado durante toda la vida para tenerlo disponible durante la etapa en la que más se necesita: la vejez. Es por esto que mientras más pronto se empieza a invertir en ese renglón, más capital de bienestar se tendrá.

Hay personas que jamás realizan inversiones en su salud, pensando que las energías de la juventud les durarán para siempre. Son las que luego gastan hasta lo que no tienen para recuperar aquello en el que nunca invirtieron. Una frase, atribuida al Dalai Lama, lo expresa de manera magistral: “Lo que más me sorprende del hombre occidental es que pierde la salud para ganar dinero, después pierde el dinero para recuperar la salud”.

Otras hacen abonos a su cuenta de la salud solo algunas veces a lo largo de la vida, pero constantemente están debitando de la misma, por lo que al final su balance queda en números rojos. Y hay quienes todos los días realizan depósitos a su salud y su inversión se traduce, con el paso del tiempo, en una mejor calidad de vida y en protección contra los riesgos de enfermar y morir prematuramente.

Esas últimas son las personas que cuidan su alimentación; que realizan actividad física planificada varias veces a la semana; que evitan exponerse a factores nocivos; que tejen una red de relaciones personales y sociales fuertes que actúa como dique de contención de problemas mentales y que prestan importancia a la dimensión espiritual de la vida, entre otras modalidades de “ahorro”. Personas, en resumidas cuentas, que asumen la responsabilidad de cuidar su salud.

Es preciso indicar que por nuestra formación en el campo de la salud pública, en esta columna no se aludirá solo a las inversiones en salud desde la perspectiva individual; esas que, como las mencionadas en el párrafo precedente, tienen que ver con el estilo de vida que cada persona adopta. También abordaremos las dimensiones social, económica y política que determinan que las personas, los grupos humanos y los países exhiban patrones diferenciados de enfermar y morir.

 

¿Cuánto gastan los hogares en salud?

Si bien la respuesta a esta pregunta depende del nivel socioeconómico y de otras variables, entre las que se destaca, por su impacto positivo en el gasto familiar, la afiliación a la seguridad social, la economía sanitaria ha desarrollado métodos que permiten conocer el llamado gasto de bolsillo, o cantidad de dinero, como proporción del gasto total del hogar, que las personas erogan directamente en pagos relacionados a la salud.

Sobre este punto, un informe reciente de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) indica que los hogares pueden empobrecerse cuando el gasto en salud es alto. Así que, siéntese con papel y lápiz en mano, o con la computadora y una hoja de cálculo de Excel a determinar cuánto gasta su familia en salud, como porcentaje del gasto total del hogar: si sus desembolsos en rubros tales como hospitalizaciones, pruebas diagnósticas, procedimientos ambulatorios y medicamentos de carácter neto, es decir, una vez deducidos los reembolsos del seguro de salud al que está afiliado, se encuentran en el orden de 4.7 %, el gasto de bolsillo de su hogar corresponde al promedio de América Latina. Vale destacar que el promedio de República Dominicana es de 6.4 %.

Restando al gasto total del hogar los gastos en alimentos, puede calcularse el gasto de bolsillo en salud como proporción de la capacidad de gasto familiar. Para este indicador, el promedio de América Latina es 7 % y el de República Dominicana 11.9 %. Establece la CEPAL que los hogares con un gasto de bolsillo como proporción de la capacidad de gasto familiar mayor a 30 % están en un nivel catastrófico.

Si este ejercicio revela que el gasto de bolsillo en su hogar es alto, es hora de reflexionar y dedicarse de manera consciente a mejorar la salud a nivel personal y familiar y, por qué no, también en los ámbitos comunitario y nacional.

Es tiempo de invertir en la salud para reducir los gastos en los que se incurre por la enfermedad.

 

                                                                                   

                                     

                                                                                          Santo Domingo, 1 de octubre de 2017.

Francini Placencia, médica salubrista y consultora en salud.
Francini Placencia, médica salubrista y consultora en salud.

La salud: tu mejor inversión

Francini Placencia es doctora en Medicina, Magna Cum Laude, de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, donde realizó una maestría en Salud Pública y una especialización en Gerencia de Servicios de Salud. Cuenta con un master en liderazgo en servicios e innovación de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra en titulación dual con Rochester Institute of Technology. Durante 19 años ha trabajado para el Ministerio de Salud Pública y lleva más de 10 años realizando consultorías en las áreas de VIH/SIDA, Investigación y Comunicación en Salud para agencias de cooperación y organizaciones de la sociedad civil. Esta es su columna en Oportia: La salud: tu mejor inversión.

Información de contacto:

  • Correo-e: francini.placencia@yahoo.com

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